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sábado, 28 de abril de 2012
El orden criminal del mundo
.ORDEN CRIMINAL DEL MUNDO
Antonio Aguilera García (Movimiento 15M Priego)
“En la Tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos”. “Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear”. (Ghandi)
Hago introducción a este escrito con estos dos pensamientos fundamentales, que rigieron la vida de Ghandi: porque en el mundo hay riqueza y alimentos suficientes para todos (se estima que se pueden producir alimentos para 12.000 millones de personas, hace pocos días han dicho que ya estamos – los que nos cargamos el planeta- unos 7.000 millones). ¿Vamos a consentir que entre unos pocos ( eso sí, muy poderosos e infinitamente avaros), condenen a la miseria a la Humanidad actual y a nuestra descendencia. Porque ¿a cuántas personas hay que “pisotear” (arrojar al hambre, a enfermedades curables, a la falta de vivienda etc) para producir un rico?.
Cuando seamos ancianos y veamos a nuestros hijos sin trabajo (o trabajando para ganar lo justo para malcomer, mal vestir y mal vivir), sin futuro ni ilusión, doblegados a un sistema que habíamos superado, y ahora volvemos a él sin remisión –porque no hacemos nada por evitarlo- , caciquil y feudal, donde una minoría acumula toda la riqueza; entonces: ¿podremos mirar a nuestros hijos serenamente a los ojos, si nosotros no hicimos nada para evitarlo? No nos opusimos a la implantación de la nueva tiranía, con la supresión de derechos fundamentales, como son una sanidad y educación gratuitas. ¡Que nuestros hijos vivan así, oprimidos, trabajando para sacar unas limosnas –mendigando- porque nosotros no nos animamos a pelear!!
Si nosotros nos resignamos a la situación que nos exponen los políticos de turno (que ya no mandan nada, porque hemos cedido nuestra soberanía – la han cedido ellos en nuestro nombre sin consultarnos, sin referendum precio para estos graves asuntos- a Estados y Mercados extranjeros), si dejamos que las prestaciones sociales (sanidad y educación gratuitas y de calidad) que nuestros padres pelearon y conquistaron para nosotros, durante varias décadas de sacrificio, se evaporen en un abrir y cerrar de ojos (para mayor enriquecimiento de la “élite criminal del mundo”). Si no “reaccionamos”, no podremos mirarlos a los ojos. Definitivamente estaremos derrotados, y con nuestra derrota condenamos también a nuestros hijos.
El miedo nos paraliza. Tenemos miedo a perder el trabajo, a perder la vivienda a perder la seguridad que hemos tenido durante las últimas décadas. Pero ¿contra quién luchamos? ¿Quién es nuestro enemigo? ¿Quién se forra a costa de nuestro empobrecimiento? El 2011 ha sido el año en que más coches de super lujo ( Rolls Roys) se han vendido de toda la historia de la automoción. Nunca antes, los pocos muy ricos, asquerosamente ricos del mundo, habían acumulado tanto dinero y, por ende, poder. La brecha entre los muy ricos y los demás, ahora, es bestial. Pero quién ha creado este “imperio”, mucho más poderoso que el Romano o el de Felipe ll: simplemente la han creado los ricos. Las empresas multinacionales, grandes bancos, imperios financieros etc.. compinchados con una mafia política, que para la 3ª colonización mundial –saqueo de la riqueza de los países subyugados, incluidos ahora también países del 1º mundo, - Thacher y Reagan y continúa con Blair, Aznar (a quien no se le da muy bien el inglés y puede que se la hayan “metido” con la letra pequeña) y acaba ( finaliza, porque acabar, acabaran con nosotros) con la Merkel, la nueva Fürer del S.XXI, quien defiende con uñas –largas y afiladas- y dientes hasta el último duro que se le adeude (deuda legítima o ilegítima) a su Deutsche Bank o al Fondo Monetario Internacional (FMI, ruina para los países donde desembarca, si no que se lo digan a casi toda África, o a Argentina y Brasil, que ya lo van largando de su sagrado territorio.
Estos imperios han mandado dar golpes de Estado a países que no se doblegaban a sus directrices saqueadoras de materias primas: Chile, Argentina, Guatemala, Indonesia, Irán (para poner al Sha) y un largo etc. Ahora, está mal visto dar golpes de Estado para destituir al dirigente que se les resiste. Ahora se les hace firmar, con el engaño de que es ayuda al desarrollo u otras patrañas, o simplemente corrompiendo al político de turno, un tratado de Libre Comercio. Adherirse a la OMC (Organización Mundial del Mercado). De esa forma entra (la gangrena) el Banco Mundial o el FMI dando préstamos para que con ese dinero se hagan compras a las grandes empresas de los países ricos…, y, a partir de ahí, ese desdichado país ya está “cogido de los huevos” (perdón por la expresión, pero los abusos a los que se somete al pueblo son para indignarse) de por vida. O, hasta que haya una revolución, una concienciación ciudadana de que la sociedad vive esclavizada, que el fruto de su trabajo va a unas manos muy poderosas con las que jamás podrá saldar la deuda (“Deuda odiosa” o ilegítima en muchos de los casos). Porque sus dirigentes políticos firmaron unos tratados en su nombre, con unas condiciones draconianas. A aquello al principio, y alegremente, empezaron a llamarle globalización; pero que no es más que un imperialismo disfrazado de cordero.
No se puede entender de otra forma el comportamiento del primer ministro griego, que un día dijo que sometería a referéndum las condiciones que les imponía “la Fürer” Merkel y el FMI, y al día siguiente se desdijo de lo del referéndum; dimitiendo de su cargo –o apartado con patada en el trasero- en el acto (¡Tú que te crees Papandreu, que te vas a librar de las cadenas, “aquí de los mascas del sistema”, como hizo Islandia de forma democrática (encerrando de paso a algunos banqueros y políticos) Pero ¿no vivíamos en Democracia? ¿El poder no reside en el Pueblo?
Se apresuraron los políticos, tras el horror que supuso la II Guerra Mundial, en redactar “La Declaración Universal de los Derechos Humanos”, la cual en su preámbulo reza que “los Carta de los Derechos Humanos son para librar a la Humanidad del miedo y la miseria”. Hacen los Estados (casi en su totalidad adheridos a esta Carta) algo por aplicar esta premisa sobre sus ciudadanos. El Estado no nos libra del miedo, el Estado nos tiene aterrorizados (por culpa de los políticos ineptos a quien damos el poder), cada día nos despiertan con un nuevo sobresalto (5 millones y medio de parados, ¿quienes seremos los siguientes? ¿Viven entregados –los políticos- para que no caigamos en la miseria?? Pues creo que no, que a los únicos que sirven son a los “señores de la guerra”: los poderes financieros. Si no pueden rebelarse contra ese poder, que tengan la valentía de reconocerlo públicamente. Pero no, ellos se callan, y mientras tanto intentan llenarse los bolsillos y sacar una gansa pensión vitalicia para no tener que dar “el callo” –si es que antes lo dieron- más en la vida.
¿Es o no para INDIGNARSE? No me lo pensé un segundo cuando, en el mes de Marzo del 2011, me enteré de la creación de la Plataforma Ciudadana DRY (Democracia Real Ya) que promulgaba la regeneración del sistema, sobretodo la limpieza de políticos corruptos y grupos financieros. No sé si conseguiremos grandes logros, pero al menos yo duermo tranquilo de que hago lo que puedo para que mis hijos no hereden un mundo peor que el que me dejaron mis padres. ¿Y tú, que quieres para tus hijos, un mundo de esclavitud sometidos a los “señores de la guerra”?? Miremos la brecha cada vez mayor entre ricos y pobres, la especulación (uno de sus últimos inventos) sobre materias primas alimenticias. El Hambre cotiza en bolsa. ¿Es o no, para acusarlos de CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD?
PD: Tomé el título prestado de un video -ver Youtube- que les recomiendo ver
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jueves, 21 de abril de 2011
Quiebra moral del sistema capitalista
El llamado "cuarto poder", el de los grandes medios de comunicación, está hoy bajo las órdenes del poder político y, sobre todo, del económico.
Uno. Los argumentos económicos son insuficientes para comprender las causas profundas del desastre que estamos viviendo. No solo ha habido "fallos" de la regulación financiera y "errores" de política, como dicen los economistas. Hay algo más intrigante: una quiebra moral del nuevo capitalismo que emergió en los años ochenta del siglo pasado.
El "nuevo héroe" del capitalismo lo quiere todo y ahora busca la rentabilidad inmediata
Sus desvaríos los pagan los ciudadanos con sus impuestos y la pérdida de conquistas sociales
Si no se toma en consideración esa quiebra moral es imposible comprender la crisis financiera de 2008. Y, lo que es más importante, tampoco se ven algunos de los destrozos que deja: la deslegitimación social de la economía de mercado; una deslegitimación que abarca a las políticas que están haciendo los Gobiernos.
Es descorazonador ver cómo se utiliza el argumento del too big to fail [demasiado grande para caer] con el fin de justificar el rescate público de los bancos y el mantenimiento del empleo y sueldo a los banqueros, haciendo pagar al resto la factura con sus impuestos y recortes de gastos sociales. Esa "medicina", además de culpabilizar a las víctimas, aumentará la desigualdad.
El riesgo es, entonces, el desprestigio de la política democrática y la aparición de problemas serios de gobernabilidad de nuestras sociedades.
Dos. Para comprender las raíces de esa quiebra moral, es necesario cruzar las fronteras del análisis económico y adentrarse en otras disciplinas que captan mejor los fundamentos éticos de la economía, basados en valores como la confianza, la equidad, la justicia o la buena fe en las relaciones económicas; y las consecuencias negativas de la desigualdad, el fraude, el expolio o la corrupción.
Esa convicción me ha llevado a coordinar un ensayo colectivo que en su propio título expresa esa necesidad: La crisis de 2008. De la economía a la política y más allá, editado en la colección Mediterráneo Económico de Fundación Cajamar (www.mediterraneoeconomico.com). Junto a la opinión de economistas, incluye la de filósofos, sociólogos, historiadores, periodistas, ensayistas y novelistas. Aunque sus miradas son diferentes, la polifonía de voces no desentona. Al contrario, ofrece una visión más comprensiva, en la que las voces de los economistas se ven complementadas por la de otros pensadores y científicos sociales.
Tres. Los economistas ofrecen cuatro tipos de explicaciones, no excluyentes entre sí, que descansan sobre la idea de "fallos", "errores" y "desequilibrios".
La primera, atribuye la burbuja de crédito y la asunción de riesgos a los "fallos" de la desregulación financiera que propició la desaparición del viejo modelo de banca prudente y aburrida, que mantenía el riesgo en su propio balance, y fomentó nuevas prácticas ("innovación financiera") que llevaron a la toma de riesgos excesivos para esparcirlos por todo el globo.
La segunda, se centra en los "errores" de una prolongada política de bajos tipos de interés practicadas en Estados Unidos (para evitar la recesión posterior a la explosión de la burbuja punto.com a inicios del 2000), y en Europa (para intentar sacar a Alemania de su anorexia posintegración).
La tercera se fija en los "desequilibrios globales", que hicieron que algunos grandes exportadores de manufacturas, como China y Alemania, en vez de consumir esos ingresos crearan grandes masas de ahorro (global savings glut) que financiaron la burbuja de crédito en EE UU y en la periferia europea.
Una cuarta explicación vincula la burbuja de crédito y la burbuja inmobiliaria con la desigualdad. Incapaces de hacerle frente mediante políticas redistributivas, los Gobiernos habrían utilizado el crédito barato y las políticas de desgravación a la vivienda para compensar la caída de ingresos de las clases medias y trabajadoras. El hecho de que la burbuja inmobiliaria haya sido más intensa en los países del Atlántico Norte, como España, parece apoyar esa hipótesis.
Cuatro. Los no economistas dirigen la mirada hacia otro lugar. Buscan las raíces de la crisis en una "quiebra moral" de la economía que se habría producido en los años noventa.
Estamos ante un fenómeno intrigante. Algo sucedió en los ochenta que invirtió la tendencia a la reducción de la desigualdad desde la II Guerra Mundial. A partir de los ochenta la distribución de la renta se hizo más desigual. Los ricos, especialmente en el sector financiero, se han hecho cada vez más ricos.
Las causas no están claras. Coincidió con cambios de diverso tipo: tecnológicos (las nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones), económicos (la globalización), políticos (caída del muro de Berlín) e ideológicos (aparición de la ideología del mercado libre de trabas). Pero parecen haber tenido más influencia las políticas desreguladoras y la debilitación de instituciones que ejercían un cierto control social, como los sindicatos y los medios de comunicación.
La caída del muro de Berlín y del socialismo jugó un papel decisivo. Paradójicamente, no solo dejó huérfano de fundamento ético al socialismo, sino también al capitalismo. La vieja ideología calvinista, basada en la ética del esfuerzo y la responsabilidad individual, dejó paso a una nueva ideología donde la retórica de las "leyes impersonales del libre mercado" impediría juzgar la conducta de los actores desde una perspectiva moral. Es decir, la lógica del mercado haría desaparecer el libre albedrío y, por tanto, la responsabilidad individual. La economía quedaría así liberada de fundamentos éticos.
Esta falacia dio carta de naturaleza al "nuevo héroe" del capitalismo. Un personaje amoral, desacomplejado, libre de cualquier tipo de cortapisas, que lo quiere todo y ahora, que busca maximizar el valor de la acción y su rentabilidad inmediata, y no a la creación de valor económico a largo plazo. Además, se beneficia del paraguas del llamado "riesgo moral": sabe que las consecuencias negativas de sus acciones no las pagará él, sino la sociedad que vendrá a su rescate.
Los economistas han tenido un papel importante en esa quiebra ética. Aunque saben poco de cómo funciona el mundo real, practican una economía arrogante, basada en supuestos idealizados del comportamiento económico, que han utilizado para apoyar políticas de libre mercado. Solo una economía humilde, que reconozca que sabe poco sobre los mercados financieros, será fuente de progreso y estabilidad.
Cinco. Si es cierta esta quiebra moral de la economía, la pretensión bienintencionada de que corrigiendo los "fallos" de la regulación financiera será suficiente para acabar con las conductas amorales y meter al genio de la inestabilidad financiera dentro de la botella es un wishful thinking, una ilusión interesada.
La evidencia de que es una falsa solución está en la rápida reaparición de las mismas conductas de riesgo y sobresueldos protagonizadas por los responsables de las agencias de rating y de las instituciones financieras que causaron el desastre y fueron rescatadas con dinero público. Causa sonrojo ver la desfachatez con que vuelven a practicar las mismas conductas. No es que sean inmorales, son amorales. Practican un "fraude inocente".
Una salida estable y duradera a la crisis requiere una refundación moral del capitalismo. No creo que necesitemos otro capitalismo, pero sí necesitamos salvar al capitalismo de estos capitalistas. El problema es que la política ha perdido autonomía y capacidad para hacerlo. Causa desazón ver la confesión de impotencia de David Cameron en el Parlamento británico al señalar que su Gobierno no puede hacer nada para frenar esas conductas.
Pero si la política no recobra su autonomía frente a los mercados financieros, y la sociedad no es capaz de manifestar su indignación ante estas conductas, no habrá límites eficaces a la economía especulativa, a la volatilidad financiera y a la desigualdad.
De ser así, el mayor riesgo de la próxima década será la creciente ingobernabilidad de nuestras sociedades democráticas. Algunas señales apuntan ya en esa dirección.
Antón Costas es catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona.
Uno. Los argumentos económicos son insuficientes para comprender las causas profundas del desastre que estamos viviendo. No solo ha habido "fallos" de la regulación financiera y "errores" de política, como dicen los economistas. Hay algo más intrigante: una quiebra moral del nuevo capitalismo que emergió en los años ochenta del siglo pasado.
El "nuevo héroe" del capitalismo lo quiere todo y ahora busca la rentabilidad inmediata
Sus desvaríos los pagan los ciudadanos con sus impuestos y la pérdida de conquistas sociales
Si no se toma en consideración esa quiebra moral es imposible comprender la crisis financiera de 2008. Y, lo que es más importante, tampoco se ven algunos de los destrozos que deja: la deslegitimación social de la economía de mercado; una deslegitimación que abarca a las políticas que están haciendo los Gobiernos.
Es descorazonador ver cómo se utiliza el argumento del too big to fail [demasiado grande para caer] con el fin de justificar el rescate público de los bancos y el mantenimiento del empleo y sueldo a los banqueros, haciendo pagar al resto la factura con sus impuestos y recortes de gastos sociales. Esa "medicina", además de culpabilizar a las víctimas, aumentará la desigualdad.
El riesgo es, entonces, el desprestigio de la política democrática y la aparición de problemas serios de gobernabilidad de nuestras sociedades.
Dos. Para comprender las raíces de esa quiebra moral, es necesario cruzar las fronteras del análisis económico y adentrarse en otras disciplinas que captan mejor los fundamentos éticos de la economía, basados en valores como la confianza, la equidad, la justicia o la buena fe en las relaciones económicas; y las consecuencias negativas de la desigualdad, el fraude, el expolio o la corrupción.
Esa convicción me ha llevado a coordinar un ensayo colectivo que en su propio título expresa esa necesidad: La crisis de 2008. De la economía a la política y más allá, editado en la colección Mediterráneo Económico de Fundación Cajamar (www.mediterraneoeconomico.com). Junto a la opinión de economistas, incluye la de filósofos, sociólogos, historiadores, periodistas, ensayistas y novelistas. Aunque sus miradas son diferentes, la polifonía de voces no desentona. Al contrario, ofrece una visión más comprensiva, en la que las voces de los economistas se ven complementadas por la de otros pensadores y científicos sociales.
Tres. Los economistas ofrecen cuatro tipos de explicaciones, no excluyentes entre sí, que descansan sobre la idea de "fallos", "errores" y "desequilibrios".
La primera, atribuye la burbuja de crédito y la asunción de riesgos a los "fallos" de la desregulación financiera que propició la desaparición del viejo modelo de banca prudente y aburrida, que mantenía el riesgo en su propio balance, y fomentó nuevas prácticas ("innovación financiera") que llevaron a la toma de riesgos excesivos para esparcirlos por todo el globo.
La segunda, se centra en los "errores" de una prolongada política de bajos tipos de interés practicadas en Estados Unidos (para evitar la recesión posterior a la explosión de la burbuja punto.com a inicios del 2000), y en Europa (para intentar sacar a Alemania de su anorexia posintegración).
La tercera se fija en los "desequilibrios globales", que hicieron que algunos grandes exportadores de manufacturas, como China y Alemania, en vez de consumir esos ingresos crearan grandes masas de ahorro (global savings glut) que financiaron la burbuja de crédito en EE UU y en la periferia europea.
Una cuarta explicación vincula la burbuja de crédito y la burbuja inmobiliaria con la desigualdad. Incapaces de hacerle frente mediante políticas redistributivas, los Gobiernos habrían utilizado el crédito barato y las políticas de desgravación a la vivienda para compensar la caída de ingresos de las clases medias y trabajadoras. El hecho de que la burbuja inmobiliaria haya sido más intensa en los países del Atlántico Norte, como España, parece apoyar esa hipótesis.
Cuatro. Los no economistas dirigen la mirada hacia otro lugar. Buscan las raíces de la crisis en una "quiebra moral" de la economía que se habría producido en los años noventa.
Estamos ante un fenómeno intrigante. Algo sucedió en los ochenta que invirtió la tendencia a la reducción de la desigualdad desde la II Guerra Mundial. A partir de los ochenta la distribución de la renta se hizo más desigual. Los ricos, especialmente en el sector financiero, se han hecho cada vez más ricos.
Las causas no están claras. Coincidió con cambios de diverso tipo: tecnológicos (las nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones), económicos (la globalización), políticos (caída del muro de Berlín) e ideológicos (aparición de la ideología del mercado libre de trabas). Pero parecen haber tenido más influencia las políticas desreguladoras y la debilitación de instituciones que ejercían un cierto control social, como los sindicatos y los medios de comunicación.
La caída del muro de Berlín y del socialismo jugó un papel decisivo. Paradójicamente, no solo dejó huérfano de fundamento ético al socialismo, sino también al capitalismo. La vieja ideología calvinista, basada en la ética del esfuerzo y la responsabilidad individual, dejó paso a una nueva ideología donde la retórica de las "leyes impersonales del libre mercado" impediría juzgar la conducta de los actores desde una perspectiva moral. Es decir, la lógica del mercado haría desaparecer el libre albedrío y, por tanto, la responsabilidad individual. La economía quedaría así liberada de fundamentos éticos.
Esta falacia dio carta de naturaleza al "nuevo héroe" del capitalismo. Un personaje amoral, desacomplejado, libre de cualquier tipo de cortapisas, que lo quiere todo y ahora, que busca maximizar el valor de la acción y su rentabilidad inmediata, y no a la creación de valor económico a largo plazo. Además, se beneficia del paraguas del llamado "riesgo moral": sabe que las consecuencias negativas de sus acciones no las pagará él, sino la sociedad que vendrá a su rescate.
Los economistas han tenido un papel importante en esa quiebra ética. Aunque saben poco de cómo funciona el mundo real, practican una economía arrogante, basada en supuestos idealizados del comportamiento económico, que han utilizado para apoyar políticas de libre mercado. Solo una economía humilde, que reconozca que sabe poco sobre los mercados financieros, será fuente de progreso y estabilidad.
Cinco. Si es cierta esta quiebra moral de la economía, la pretensión bienintencionada de que corrigiendo los "fallos" de la regulación financiera será suficiente para acabar con las conductas amorales y meter al genio de la inestabilidad financiera dentro de la botella es un wishful thinking, una ilusión interesada.
La evidencia de que es una falsa solución está en la rápida reaparición de las mismas conductas de riesgo y sobresueldos protagonizadas por los responsables de las agencias de rating y de las instituciones financieras que causaron el desastre y fueron rescatadas con dinero público. Causa sonrojo ver la desfachatez con que vuelven a practicar las mismas conductas. No es que sean inmorales, son amorales. Practican un "fraude inocente".
Una salida estable y duradera a la crisis requiere una refundación moral del capitalismo. No creo que necesitemos otro capitalismo, pero sí necesitamos salvar al capitalismo de estos capitalistas. El problema es que la política ha perdido autonomía y capacidad para hacerlo. Causa desazón ver la confesión de impotencia de David Cameron en el Parlamento británico al señalar que su Gobierno no puede hacer nada para frenar esas conductas.
Pero si la política no recobra su autonomía frente a los mercados financieros, y la sociedad no es capaz de manifestar su indignación ante estas conductas, no habrá límites eficaces a la economía especulativa, a la volatilidad financiera y a la desigualdad.
De ser así, el mayor riesgo de la próxima década será la creciente ingobernabilidad de nuestras sociedades democráticas. Algunas señales apuntan ya en esa dirección.
Antón Costas es catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona.
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