lunes, 5 de abril de 2010
CARTA DE ISABEL HUETE A RATZINGER
Sr. Ratzinger
Texto original de Isabel Huete publicado en su blog: http://isabelhuete.blogspot.com/
Soy una ciudadana que figura en sus archivos como católica por el simple hecho de haber sido bautizada sin que nadie le pidiera permiso y, aunque divorciada, sigue casada por su iglesia porque intentar deshacer el entuerto le supondría un coste que no puede pagar, para menor aumento de sus arcas. Por eso, porque me guste o no sigo siendo burocráticamente católica, me considero con el derecho de hacerle llegar mis “inquietudes” sobre la actuación de esta iglesia que su divina inteligencia preside con mano manchada de escándalos. Y también porque soy ciudadana de un país en el que su organización eclesial todavía pinta mucho y habla más de la cuenta entrometiéndose cuanto puede en las decisiones que toma el poder civil, creyéndose todavía un poder más del Estado como en su día, bajo palio, le permitieron ser. Y tengo que escucharles, me oponga o no, y padecer sus diatribas, sus juicios sobre lo humano (porque sobre lo divino tienen todo el derecho) y sus intromisiones en todo aquello que no se ajuste a sus creencias, las cuales intentan imponer contra viento y marea después de llenar sus bolsillos con las aportaciones económicas de este Estado al que tanto critican y que pagamos todos los españoles aunque no queramos, independientemente de las contribuciones voluntarias en la declaración del IRPF que, por supuesto, hace muchos años que yo destino a otros fines sociales más acordes con posiciones menos radicales.
Me parece estupendo que todos ustedes, los mandamases de su iglesia, protejan a los suyos hagan lo que hagan -¿qué madre de familia no lo haría por cualquiera de sus hijos?- y oculten sus vergüenzas ante las miradas aviesas y faltonas de una sociedad a la que ustedes tachan de vergonzosamente materialista y desalmada que está imbuyendo de inmoralidad, de instintos asesinos y de individualismo desaforado las conciencias de sus miembros y, por tanto, no tiene derecho a tirar la primera piedra sobre aquellos –ustedes- que sólo pretenden reeducarla y llevarla por el buen camino.
Yo, que salvo que apostate sigo siendo una de los suyos, siento cierta desazón ante las noticias que, día sí día no, aparecen en los medios de todo el mundo destapando las desvergüenzas de unos pobres seres humanos cuyo único pecado ha sido aprovecharse de la inocencia y miedo de unos niños a su cargo metiéndoles mano y otras cosas mayores en sus intimidades bajo la excusa de que eso les llevaría a alcanzar con mayor derecho el reino de los cielos o vaya Ud. a saber qué otros reinos menos lejanos; y todo por no saber dónde desaguar sus pasiones más inconfesables, con lo fácil que hubiese sido practicar el onanismo – o paja- en la soledad de sus celdas.
Sé lo difícil, si no imposible, que es conseguir que a mí y a tantos otros nos escuchen desde sus púlpitos y palacios episcopales quienes forman parte de una organización empresarial como la suya, disfrazada de espiritualidad y en absoluto democrática, donde se practica descaradamente el nepotismo, se asciende a dedo en el escalafón y se excluye a las mujeres en cualquier órgano de poder por ser las causantes de llevar a los hombres a la perdición, tal y como quedó demostrado en ese Paraíso al que estábamos todos destinados antes de que una maquiavélica y pervertida mente femenina acosara, tentara y convenciera a un desvalido varón a cometer el mayor de los pecados de la Historia, el cual heredamos todos sus descendientes y por eso estamos aquí, desterrados, sufriendo la ira de Dios de por vida.
Pero hete aquí que ahora resulta que la peor tentación que sufren sus asociados no proviene de la compañía de pérfidas mujeres de muslos redondeados y pechos seductores sino de la visión de los cuerpos de púberes niños –y menos que púberes- confiados por sus padres a sus instituciones religiosas para recibir una educación acorde con sus creencias y a resguardo de la impiedad y excesiva libertad que se practica en los centros seglares. Y claro, ¿quién se resiste a no abrazar y manosear a tan tiernas criaturas de piel fina, mirada cándida y educada docilidad? ¿Cómo no expresarles un paternal amor, el deseo de poseerlos, las ansias de compartir sus más escondidas intimidades? Ya ve que le comprendo perfectamente cuando grita usted a los cuatro vientos que “tenemos que aprender a ser intransigentes con el pecado, empezando por los nuestros, e indulgentes con las personas que los cometen”, pero, curiosamente, es ahí donde comienzan todas mis dudas porque, siendo usted el máximo representante de Dios en la tierra, el guía espiritual de todos sus seguidores o, metafóricamente hablando, el gran jefe de la manada, ¿cómo no condena al destierro de su reino a todos esos pecadores, pervertidos y pervertidores de niños, como hizo su súperjefe con toda la humanidad por un simple pecado de desobediencia?, ¿o como es posible que nieguen el pan y la sal de su fe, es decir la comunión, a esos políticos católicos que votaron a favor de la ley del aborto y a su ejército de curas abusones y pederastas sólo les trasladan de castillo en castillo en la oscuridad de la noche para que nadie se entere de sus tropelías, permitiéndoles no sólo que sigan impartiendo la comunión a sus nuevas víctimas sino que también la reciban ellos? Ya ve que mis dudas y temores son inmensos y han empezado a agravarse aún más desde que, como colofón, citó usted al Hijo de Dios al decir que hay que “aprender de Jesús y no juzgar y condenar al prójimo”. ¡Señor, qué terrible tortura estoy padeciendo por ser incapaz de practicar la misma benevolencia que usted!
Yo intuyo que si usted tuviera la valentía de aclarar mis dudas me diría que el aborto y la pederastia son comportamientos incomparables porque en el primero se mata y en el segundo no, y de hecho algunos de sus subordinados ya ha apuntado algo en ese sentido, pero no dejo de preguntarme cómo catalogar el daño psicológico infringido a los niños durante días, meses o años por parte de sus educadores con alzacuellos… Niños y jóvenes que piensan, que tienen sentimientos, conciencia, que callan por miedo o por imposición; esos niños, ahora hombres adultos, han sufrido el infierno en vida acompañados por los peores fantasmas, arrastrando la humillación y la violación de sus espíritus, de sus almas –da igual la denominación- como muertos vivientes. Pero están vivos, dirá usted, y se irá a rogar por su salvación ante el Altísimo.
Supongo que su Código Canónigo, ése que dicen ustedes que les obliga a ser muy cautos y garantistas porque protege al máximo los derechos y la intimidad de los acusados, no contemplará pena alguna para los encubridores, para los mentirosos y para los estafadores ¿porque qué otra cosa es sino una mentira y una estafa a sus confiados fieles la ocultación de delitos tan repugnantes? Y ya no digamos lo que tal permisividad y ocultación significa para la sociedad en general a la que se pasan el día intentándole afear cualquier acto, por nimio que sea, que no se ajuste a sus código moral, ése que ustedes han demostrado ser los primeros en vulnerar.
Me voy a atrever a decirle, Sr. Ratzinger, lo que yo creo que debería hacer para salir más o menos airoso de esta vergüenza aunque sepa que no es exclusiva de su papado pero, qué le vamos a hacer, le ha tocado:
expulse de su iglesia a todos los viciosos y pederastas y a quienes les han defendido
cese a toda la canalla de obispos y demás jerifaltes que han escondido bajo la alfombra el delito más vergonzoso y repugnante que un ser humano puede cometer presente querellas criminales ante los tribunales civiles contra los delincuentes sexuales que se esconden en sus conventos y ejerza la acusación particular en los procesos representando los intereses de las víctimas pida perdón públicamente y sin ambages a las víctimas y sus familiares, a todos los creyentes y fieles de su iglesia y a toda la humanidad, y prometa que perseguirá sin piedad en el futuro a todos los que cometan tales tropelías y después, si aún le queda algo de dignidad, ¡DIMITA!
A pesar de ustedes, sigue habiendo poesía.
viernes, 26 de febrero de 2010
viernes, 5 de febrero de 2010
DE ARMARIOS Y ATAUDES
Querido ser invisible:
He pasado por casualidad cerca de un armario y escuché cómo desde su interior se proferían insultos hacia mí, hacia mi ex, hacia mis amigos, hacia gente que conozco y personas que no conozco pero sé muy bien que quieren expresarse libremente. Quisiera que me entiendas para que al menos sepas a quién insultas, y por eso quiero puntualizar unas cuantas cuestiones.
Es estúpida la típica afirmación “Yo soy gay pero no voy gritándolo a los cuatro vientos”, como si nosotr@s lo hiciéramos. Yo no grito a los cuatro vientos que soy gay, simplemente vivo mi vida con naturalidad, tal como lo hacen las personas heterosexuales. Pero hay que ser muy tont@ para no darse cuenta que se puede expresar la propia orientación sexual e identidad de género sin gritarla. L@s heterosexuales no gritan a los cuatro vientos “Somos heterosexuales”; simplemente salen a la calle de la mano con la persona a la que aman, no lo piensan dos veces antes de darse un tierno beso o un cálido abrazo. ¿No es ésa la mejor forma de decir “Soy heterosexual”? ¿Es anormal? ¿Es gritarlo a los cuatro vientos? ¿No tenemos las personas no heterosexuales derecho a lo mismo? ¿”No lo grito a los cuatro vientos” es tu mejor forma de decir “estoy cómodo en mi armario; de día soy invisible y me apareo en lugares sórdidos bajo las cobijas de la noche”? Nunca he escuchado a alguien decir “no lo grito a los cuatro vientos” sin sentir en esas palabras una amarga y pesada carga de autocensura e hipocresía.
Es increíble a estas alturas también tener que soportar que se diga que los heterosexuales no celebran su Día del Orgullo ni andan desnudos por ahí. No, no celebran su día del Orgullo; simplemente porque nadie les cuestiona su forma de vivir, de amar, de sentir. Las mayorías en una sociedad nunca se sienten amenazadas. Si tu nunca has sufrido a causa de tu orientación sexual y/o identidad de género, te felicito. Pero debes saber que no en todos los casos es así. Y antes de juzgar tendrías que saber que los casos son también diversos: personas que sufren abusos a causa de su orientación sexual y/o identidad de género y otr@s que ven alterada su orientación sexual/identidad de género debido a abusos. Así que es difícil, como siempre, saber qué fue primero: el huevo o la gallina. Pero yo que tú cuestionaría menos y empatizaría más.
La homofobia no tiene ojos, luego no necesitas ser visible para convertirte en su víctima. El odio tiene un falso sexto sentido; ataca a quien presuntamente no es heterosexual. Un armario puede ser tan estrecho que no tenga lugar para nadie más; así el encierro te condena a la soledad, salvo cuando sales a saciar tu apetito por las noches. Yo que tú me cuidaría y me fijaría bien antes de ocultarme. En las tinieblas del miedo, puede ser que confundas un ataúd con un armario. Much@s han intentado esconderse en un armario y han terminado en un ataúd. E irónicamente, lo que callas en tu vida es lo que comentan las malas lenguas tras tu partida. Tu muerte es menos importante que el “legítimos derecho a la defensa” de un “pobre homófobo víctima del pánico gay”. Los inocentes son los culpables, dice Su Señoría. Puede que no haya armario ni ataúd inmune a los cuchillos, pero si pudieras reconocerte después de muert@, te darías cuenta que armarios y ataúdes son tan débiles que incluso pueden ser penetrado por simples palabras. Todo aquello que protegías como un tesoro -tu maldita discreción, tu armario, tus salidas nocturnas- ahora son solamente cinco minuto de conversación en una charla entre vecinos. Los armarios se disuelven, caducan automáticamente tras la muerte. Y no sé tú, pero yo soy una persona, no cinco minutos de conversación entre dos o más estúpid@s irrespetuos@s.
Y mientras tanto vives con miedo, y criticas a quienes viven con orgullo. Y mientras tanto, vives en la mayor comodidad, mientras otr@s se toman la molestia de defender tus derechos, nuestros derechos. Y
mientras tanto, te miras al espejo y ves un hombre o una mujer feliz. Y mientras tanto, en algún lugar hay una mujer o un hombre que no se ve al espejo, que necesita cambiar y que debe lidiar con los prejuicios de una sociedad hostil, incluso de su círculo más cercano. Porque los círculos a veces contienen, otras veces encierran.
Tal vez no sea yo quien deba pedirte que salgas del armario Pero puedo pedirte que saques de tu armario a esa empatía tan necesaria. que la hagas visible; que si no apruebas, al menos no condenes, que pienses, que reflexiones, que analices. No tod@s somos iguales; ni siquiera la propia orientación sexual o identidad de género se encuentra a salvo de las diferencias socioeconómicoculturales. En los sectores más altos de la sociedad los armarios son aterciopelados y acolchados, mientras que entre las personas de bajos recursos pueden ser tan delgados que les deje expuest@s a todo tipo de peligros.
Puedo pedirte si no es mucha molestia, que si no quieres marchar a nuestro lado, al menos te pongas en los zapatos de la gente que conozco y que me acompañan o me han acompañado en el camino; que te pongas en esos zapatos e intentes dar dos pasos sin ser insultado o humillado, que pienses que en esta marcha no estamos tod@s porque nuch@s se ha detenido abruptamente antes. Que pienses que conozco personas que han sido abusad@s sistemáticamente de niñ@ ante la indiferencia de su familia y que hoy tiene más pluma que un pavo real. Ahora la sociedad ya no es indiferente; ya expresa rechazo. ¿Dónde estaban ell@s antes? ¿No rechazan la pedofilia, la pederastia? También quisiera que te calces las zapatillas de esos ojos oscuros que estaban cansados de luchar cuando se cruzaron en mi camino; que ya llevaba un intento de suicidio a temprana edad a causa del sistemático rechazo por parte de sus compañeros de aula. Quiero que sepas que soy fuerte y que puedo luchar por mí y por los demás, pero a lo único que soy vulnerable es a esos ojitos oscuros cuando se hacen agua. Hoy en día él marcha a mi lado, y -mejor aún- ha sido por iniciativa propia, no por mi intervención. Eso alivia la pena que me da saber que tú no nos acompañarás. Quisiera que cuando te pongas en mis zapatos también cargues mi bandera; es sólo de tela con un simple mástil de madera, pero pesa tanto que much@s han caído bajo su peso. A veces es como una cruz, pero la cargamos con orgullo. Con mucho orgullo.
Es irónico que cuando eras pequeñ@ tuvieras miedo al monstruo que vive en el armario y que acecha por las noches y que hoy, ya crecid@, seas un okupa del armario y tengas miedo al monstruo que vive fuera de tu clóset. No te preocupes; nada ha cambiado desde que eras pequeñ@: el mosntruo sigue siendo imaginario y no hay nada que temer.
Querido ser invisible: no creo en seres imaginario, no creo en el monstruo del armario. Pero tú eres invisible, no imaginario; eso es distinto. Creo en tí. No te tengo miedo. Sé que no eres invisible sino que tan sólo te ocultas en las tinieblas. No te tengo miedo y espero que tú tampoco me temas. Toma mi mano y te ayudaré a salir, pero si no te atreves, siempre tendrás a alguien que te aconseje y te escuche. Me sentaré junto a tu armario, te traeré algo de beber y de comer, responderé preguntas y haré lo que sea para darte una mano. Tal vez algún día tengas el valor suficiente para salir y darme el abrazo más fuerte y duradero del mundo. Hasta que ese día llegue, e pido que no te molestes en insultarme. Mi orgullo es inmune a los insultos. Ojalá pudieras decir lo mismo de tu armario para que así no te vea sufriendo como te veo ahora. Vive y deja vivir. Pero insisto, ¡vive!, que ocultarse no es vivir. Porque, como dice una vieja y buena canción, eso es “permanecer y transcurrir”, no “honrar la vida”.
Colectivo de Gays, Lesbianas y Transexuales de Priego de Córdoba, dirección de correo electrónico:
gaylesb.priego@gmail.com
lunes, 25 de enero de 2010
Poesia: Antonio Osuna Ropero

ORÍGENES
El discurrir de tanto héroe bajo
los arcos, el perfume vicarial
de cada(todo) uso, la pesada intención
de tanta frase, el interminable mugido
de la vaca sagrada
nos hacen retornar, ahítos
e indigestos,
a los paisajes que acunaron
nuestras plantas, a la verdad rotunda
de la piedra, a la raíz preñada
de la greda, al incipiente temblor
de las corolas...
Esta máscara no es
una máscara.
La madera africana ha desvelado mi
verdadero rostro.
No es renuncia, sino hastío
del exceso.
Mi billete, sólo
de (vuelta) ida.
POETA
Se miró largamente
en el espejo.
Vió, al fin, su esqueleto
transparente y poderoso.
Con la seguridad
del náufrago
abandonó maletas
en el andén solitario.
Miró hacia atrás,
volvió sobre sus pasos
y quiso recuperar el violín.
El tren partía inexorable.
En el vagón de insolventes
ahuyentó sus arañas.
Se abrió las venas
y repuso los tinteros.
Sus ávidos sentidos
digerían lo inédito.
Gimió envuelto en placentas.
Cierta gente le vio coronado.
Campos y ciudades
se abrían al paso de aquel tren,
como un Mar Rojo
bajo la estrella del alba.
Antonio Osuna Ropero
lunes, 18 de enero de 2010
LA REVOLUCIÓN PACÍFICA
| From EL ESPOLÓN |
En algún lugar leí que la lengua española poseía bastantes sustantivos que no expresaban realidades sino aspiraciones a ciertas realidades. Me refiero a términos como “felicidad”, “sabiduría” o “justicia”.
Muy a menudo me he preguntado si la palabra “paz” pertenece o no a este género de vocablos. O, dicho de otra manera: después de examinar la historia de la Humanidad siglo tras siglo, una historia de guerras sobre guerras y cada una de ellas más terrible que las anteriores, me pregunto si el concepto de paz no será en sí mismo una ilusión imposible, una quimera o, a lo sumo, el espacio de tiempo entre dos guerras.
En el prólogo de la “Celestina”, Fernando de Rojas, citando a Heráclito y, sobre todo a Petrarca, nos explica que “todas las cosas deben ser criadas a manera de contienda o batalla” y que los astros, los animales y los seres humanos se hallan siempre en constante guerra.
Cierto que la naturaleza nos enseña como cada animal lucha por la supervivencia suya y la de sus cachorros y a menudo mata para procurar su manutención. Cierto que cada especie posee sus propias armas y estrategias de ataque o defensivas, pero en el reino animal, a diferencia de lo que ocurre con los seres humanos, no existe la codicia ni la ambición. Ni siquiera entre las industriosas hormigas, que durante el tiempo bueno almacenan pacientemente para el largo invierno, existe esa oscura pasión de poseer más de lo preciso, pues entre ellas reina la concordia y el bien de cada una es el bien de la comunidad.
El humanista Luis Vives afirmaba tajantemente que “todo aquel que tiene más de lo que necesita es un ladrón”. El problema radica en que los hombres nos estamos creando nuevas necesidades de forma constante. Mis viajes a naciones del tercer mundo me han enseñado que se puede vivir con muy poco, casi con nada, y no por ello se es menos dichoso. Diría más: esas personas, siempre con la sonrisa en los labios, esos seres humanos que cuentan sólo con lo imprescindible, se encuentran más cerca de la felicidad que nosotros, los epulones, los hartos en el festín de este mundo. Y por supuesto: nuestra hartura se sustenta de sus privaciones y de su explotación. La historia de la Humanidad es la historia del abuso de unos hombres sobre otros y el brutal neocolonialismo que hoy padecemos constituye sólo el último horror, el postrer eslabón en esa cadena gigantesca de iniquidades y desmanes.
Cuando yo contaba sólo ocho o diez años, este país era mucho más pobre, pero la solidaridad entre los españoles de entonces haría avergonzarse a los de ahora. La abundancia corrompe nuestros ánimos y nos hace creernos con derecho a todo, incluso a pisotear a los demás. Y los deseos humanos, como el tonel de las Danaidas, no tienen fondo.
En la conquista española de América no faltan otros ejemplos de crueldad extrema. como aquellas atrocidades que López de Gomara nos cuenta de Vasco Núñez de Balboa y sus perros alanos que despedazaban a los indios antes de quemarlos, en especial a los que practicaban la sodomía. Curiosamente, el historiador nos ha dejado incluso el nombre de dos de aquellos feroces canes que se ganaban su paga como si fuesen soldados: Becerrillo y Leoncillo.
Y más cerca en el tiempo recordamos la matanza de españoles por las huestes de Abdel krim en Monte Arruit donde sus cadáveres fueron hallados con sus propios órganos genitales en las bocas o las de los judíos a manos de los nazis, o las de los palestinos a manos del ejercito israelí. Como podemos comprobar, las torturas de Abu Graib o las de Guantánamo son sólo algunos de los últimos capítulos de la iniquidad humana. ¿Es connatural en el hombre la crueldad? Yo creo que sí; la escena antes referida de los niños quemando el escorpión viene a decírnoslo. Pero la grandeza de ser hombre o mujer radica precisamente en derrotar algunos de los instintos negativos que anidan en nuestro interior. Para ser uno mismo hace falta ser vencedor de uno mismo. Pero así en lo privado como en lo público existen muchísimos caminos fáciles que nos guían hacia la violencia.
Durante el largo periodo que padecí obligatoriamente en la Academia militar de Segovia, cada mañana me detenía ante una máxima latina que en broncíneas letras destacaba sobre un muro: SI VIS PACEM PARA BELLUM”. “Si deseas la paz, prepara la guerra”; ésta ha sido la idea que ha dominado a la Humanidad siglo tras siglo: la paz sólo será posible si se nos teme. Cuanto mayor sea nuestro arsenal, más seguros estaremos.
Los políticos de todos los tiempos se han llenado la boca con palabras grandilocuentes, pero su único fin consiste en mantenerse como capataces de esta gran plantación llena de esclavos que es y ha sido siempre el mundo.
La misma palabra “democracia”, que siempre está en la boca de cualquier político actual, supone una gran mentira. Este verano viajé a la India donde millones de persones sobreviven o sobremueren entre montañas de basura y charcas de negra inmundicia. Hoy acá y mañana allá, aquellos son sus territorios. Allí nacen, comen, se reproducen, defecan, sueñan y mueren. Sin posibilidades de educación ni de asistencia médica, la mayor parte de ellos no llegan a cumplir los ocho años. ¿Quién ha censado a todos estos hijos de la miseria? ¿Quiénes de los que alcanzan la mayoría de edad acuden a votar? ¿Cómo sabe el gobierno democrático de la India quiénes nacen y quiénes mueren si muchos de ellos no cuentan ni siquiera con una chabola? Yo los he visto tiritando de hambre, moribundos, sin otro anhelo ya que el de pasar a otra reencarnación, y he visto a los jeques y a los multimillonarios en los jardines del Taj Majal Palace. Y sé que ésta es una de las naciones de economía emergente hasta el punto de ser ella la que compró la mitad del oro del banco de España sólo un mes antes de que estallase la crisis que hoy asuela el planeta. Sin embargo, el gasto social del gobierno indio no se ve por parte alguna.
Pero vengamos a la civilizada Europa o a los Estados Unidos de Norteamérica. Nuestras perfectas democracias también me parecen de cartón piedra. Los partidos políticos de izquierdas y derechas son los brazos de un mismo cuerpo, el gran capital, y que ganen las unas o las otras no depende apenas de lo que el país quiera o necesite sino del dinero invertido en la campaña: quien más tiene, puede engañar más y mejor.
Los medios de comunicación y su extraordinario desarrollo en el siglo XX y en lo que llevamos del XXI han representado un arma potentísima utilizada por los políticos para sus fines. Resulta patético descubrir la lucha por el control de esos medios de comunicación y ver como intentan hacernos populares y simpáticos a esos personajes cuyas miras no tienen más límites que los de su ambición. Es curioso observarlos sonrientes y seguros de sí mismos en los foros económicos internacionales, siempre en connivencia con los banqueros. Allá se reparte la miseria o la prosperidad de los reinos de este mundo mientras en las calles, los policías, nuevos pretorianos, golpean y matan a veces a algunos jóvenes que gritan contra la globalización y contra algunos de sus horrores como el de usar para combustible las semillas que aliviaban parte de la hambruna de los países pobres.
Nos aseguran que éste es el mejor régimen posible. Por supuesto, yo lo prefiero a todas las dictaduras, pero, ¿no nos encontramos ante otro modo más sutil de dictadura? ¿Por qué cerrarnos a la idea de que no es posible otro sistema? Porque no intentar inventarlo o construirlo? Miremos más allá de la ideología de nuestra propia época. Un nuevo orden mundial puede estar en puertas.
Hasta este momento he hablado del horror, de la codicia de los poderosos, del germen de crueldad que existe en el interior de las personas y que es necesario vencer, de la monstruosidad del capitalismo desmedido y la globalización…, pero ahora descubriré de todo ello una nueva perspectiva.
En los días previos a la segunda guerra mundial, Leonard Woolf, con verdadera lucidez, declaraba que “la amenaza esencial de la civilización no residía tanto en la atrocidad de los bárbaros como en la desunión entre la gente civilizada”. Hoy esa desunión está desapareciendo.
Hace unos meses, cuando Barack Obama fue proclamado presidente de los Estados Unidos, millones y millones de personas lo celebraron llenos de esperanza en un mundo mejor. Ahí estaba de nuevo esa multitud dispuesta a apostar por la solidaridad, por la tolerancia y por la paz. Pero, desafortunadamente, en esta ocasión todos se equivocaban. Los políticos, con independencia de que representen a las derechas o a las izquierdas, nunca pueden ser la solución. Y no pueden serlo sencillamente porque están hipotecados con quienes financiaron su campaña electoral, o sea con el capitalismo feroz. El presidente Obama puede ir de acá hacia allá lleno de hermosas palabras y gestos de buena voluntad, pero no va a arreglar nada. Respecto a la problemática de Oriente Medio, por ejemplo, no podrá detener los asentamientos judíos en Cisjordania ni muchísimo menos conseguirá la creación de los dos estados. No podrá hacerlo porque a Israel (al menos al ochenta por ciento de los israelitas con derecho a voto) no le interesa. Y, claro está, Israel cuenta con el apoyo absoluto de los mandatarios mundiales del sistema capitalista: esos anónimos personajes que constituyen el consejo ejecutivo del Fondo Monetario Internacional.
¡No! Un político nunca puede ser la solución, puesto que se trata sólo de un capataz de los verdaderos amos.
Quienes únicamente pueden imponer un orden mundial nuevo basado en los ideales de la revolución francesa (igualdad, libertad y fraternidad) son los individuos o más concretamente la suma de los individuos. Ya Marx pedía a los proletarios de todas las naciones que se uniesen, pero de la caída de los regímenes comunistas tenemos que aprender ahora la lección. No sólo es necesario unirse sino también impedir todo sometimiento dictatorial e impedirlo sin usar la violencia. Hablo de una revolución pacífica. Gandhi nos enseñó el camino: la resistencia pasiva. ¡Cuántos abusos pueden corregirse, por ejemplo, boicoteando el uso de ciertos productos! ¡Qué maravilla disponer de internet para poner de acuerdo a las multitudes!.
Una paz impuesta por las armas no tiene futuro. ¿Cuánto duró, en realidad, la paz augustea? ¿Cuántas generaciones serán necesarias en Gaza o en los Balcanes o en Irak para que se apague el odio?
Yo soy optimista porque compruebo que día a día crece el número de los comprometidos con esa revolución pacífica, aumentan las oenegés y cada vez al gran capital le resultan más difíciles sus manipulaciones y ocultamientos porque continuamente aparecen voces nuevas que denuncian y nuevos valientes que ante los foros económicos mundiales se dejan arrastrar por los nuevos pretorianos.
Es necesario poseer espíritu crítico y enseñar a los demás a tenerlo y cada cual puede hacer mucho desde su puesto en la sociedad. El que es profesor, lo hará con sus alumnos; el que es obrero, con sus compañeros de trabajo; el periodista, siendo fiel a la verdad… Espíritu crítico y solidaridad: he ahí los pilares sobre los que debe asentarse la revolución pacífica, una revolución que ya cuenta con magníficos precursores como Noam Chomsky o Ernesto Sábato, una revolución que ya está en marcha y que nadie podrá detener.
Fernando de Villena.
Fernando de Villena nació en Granada el 8 de Noviembre de 1956. Es miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada.
Es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Granada. Ha publicado más de doce libros de narrativa, entre los que destaca la novela “El hombre que delató a Lorca”; varios libros de crítica literaria y poemarios. Cada uno de sus libros es una aventura distinta, unidos por el culto a la palabra, el amor al pasado, el gusto por las imágenes nuevas y por el color, la emoción por la naturaleza y, sobre todo, por la búsqueda de lo bello y lo misterioso.
Ha recibido numerosos premios, como el Ibn Gabirol convocado por el Centro de la Generación del 27. En 2009 ha obtenido el XV Premio Andaluz de la Crítica Literaria concedido por la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, por la obra “El testigo de los tiempos”.
viernes, 15 de enero de 2010
SALUDO --- REVISTA Nº 5 ESPOLÓN
UN AÑO ESPOLONEANDO
“El Espolón” acaba de cumplir un año. ¿Merece ser celebrada tan corta andadura? Claro que sí. Motivos no faltan. La primera vez siempre es especial. En todo. Miren, si no, cómo los padres primerizos suelen tirar la casa por la ventana en el primer “cumple” de sus primogénitos. Aunque el neonato se pase la fiesta durmiendo como un bendito. Luego vienen más cumples, más hijos, los cumples de los amiguitos, etc. y ya los aniversarios se transforman en una rutina más de nuestras vidas. Desde luego, nosotros no estamos todavía en esas. Acabamos de nacer y tenemos un camino por delante.
Un año ¿es mucho o poco? Depende. En la vida de una persona quizás no sea mucho; en la de un fanzine, que es la verdadera naturaleza de “El Espolón”, parece suficiente tiempo como para ser festejado. La edición de fanzines es una actividad que no suele perseguir intereses económicos, siendo por regla general gratuitos o con un coste mínimo para pagar gastos de producción. Al depender del tiempo libre y el esfuerzo desinteresado de sus creadores no suelen durar mucho, ya que no reciben compensación monetaria. Pero nosotros, aunque no dispongamos de mucho tiempo libre, sí que nos queda un poco de romanticismo para embarcarnos en esta aventura, para “pasar” de ganancias, para pagar los costes de nuestro propio bolsillo… Y también nos queda mecha suficiente, al menos para algún número más, aparte del que tiene en sus manos. ¿Por qué? Porque editar “El Espolón” cuenta con una ventaja indiscutible: publicar de forma libre y directa, sin ataduras ni intereses para con terceros (entiéndase partidos políticos, religiones, empresas, editoriales, etc)
Esta revistilla “probe”, gratuita, hecha con los medios más baratos y rudimentarios, puede ser tachada de cualquier cosa, incluso de cutre; pero tiene una virtud: la de proponer, como aquellos fanzines de los años 70, una interpretación original de las cosas que poco tiene que ver con la visión de los medios de comunicación tradicionales. No estamos sujetos a modas, corrientes, estilos, líneas de pensamiento, etc. “El Espolón” es un territorio para la heterodoxia, en el que tienen cabida mucha gente y muchas corrientes. (Esto es una invitación para ti, si aceptas implicarte). Además, en un tiempo en que todas las ventanas se abren casi obligatoriamente en internet, “El Espolón” mantiene, continuando con el paralelismo de los históricos fanzines, el formato de papel y la distribución en mano. Todo un reto. Esto no quiere decir que rechacemos las nuevas tecnologías, que nosotros asumimos e incorporamos a nuestra actividad con el fin de llegar a más gente, a otros lugares a los hace una década ni soñábamos con la posibilidad de hacer llegar nuestra humilde voz. Visiten, si no, espoloneando.blogspot.com.
Hemos festejado nuestro aniversario en una plaza llena de gente, con la lectura del “Manifiesto por la Solidaridad”, con presencias y ausencias significativas, con actuaciones musicales, en fin, a lo grande. En la celebración de un primer cumpleaños hay una sola vela y todo es tarta. Con el tiempo suele pasar lo contrario, que haya que poner muchas velas en una tarta escuálida y birriosa. Un signo de decadencia, el anticipo de un final ya presentido. Pero a nosotros nos queda mucho para llegar a eso.
“El Espolón” goza de buena salud. Bien se merece un brindis.
Antonio Osuna Ropero
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