lunes, 5 de abril de 2010

CARTA DE ISABEL HUETE A RATZINGER



Sr. Ratzinger

Texto original de Isabel Huete publicado en su blog: http://isabelhuete.blogspot.com/

Soy una ciudadana que figura en sus archivos como católica por el simple hecho de haber sido bautizada sin que nadie le pidiera permiso y, aunque divorciada, sigue casada por su iglesia porque intentar deshacer el entuerto le supondría un coste que no puede pagar, para menor aumento de sus arcas. Por eso, porque me guste o no sigo siendo burocráticamente católica, me considero con el derecho de hacerle llegar mis “inquietudes” sobre la actuación de esta iglesia que su divina inteligencia preside con mano manchada de escándalos. Y también porque soy ciudadana de un país en el que su organización eclesial todavía pinta mucho y habla más de la cuenta entrometiéndose cuanto puede en las decisiones que toma el poder civil, creyéndose todavía un poder más del Estado como en su día, bajo palio, le permitieron ser. Y tengo que escucharles, me oponga o no, y padecer sus diatribas, sus juicios sobre lo humano (porque sobre lo divino tienen todo el derecho) y sus intromisiones en todo aquello que no se ajuste a sus creencias, las cuales intentan imponer contra viento y marea después de llenar sus bolsillos con las aportaciones económicas de este Estado al que tanto critican y que pagamos todos los españoles aunque no queramos, independientemente de las contribuciones voluntarias en la declaración del IRPF que, por supuesto, hace muchos años que yo destino a otros fines sociales más acordes con posiciones menos radicales.

Me parece estupendo que todos ustedes, los mandamases de su iglesia, protejan a los suyos hagan lo que hagan -¿qué madre de familia no lo haría por cualquiera de sus hijos?- y oculten sus vergüenzas ante las miradas aviesas y faltonas de una sociedad a la que ustedes tachan de vergonzosamente materialista y desalmada que está imbuyendo de inmoralidad, de instintos asesinos y de individualismo desaforado las conciencias de sus miembros y, por tanto, no tiene derecho a tirar la primera piedra sobre aquellos –ustedes- que sólo pretenden reeducarla y llevarla por el buen camino.

Yo, que salvo que apostate sigo siendo una de los suyos, siento cierta desazón ante las noticias que, día sí día no, aparecen en los medios de todo el mundo destapando las desvergüenzas de unos pobres seres humanos cuyo único pecado ha sido aprovecharse de la inocencia y miedo de unos niños a su cargo metiéndoles mano y otras cosas mayores en sus intimidades bajo la excusa de que eso les llevaría a alcanzar con mayor derecho el reino de los cielos o vaya Ud. a saber qué otros reinos menos lejanos; y todo por no saber dónde desaguar sus pasiones más inconfesables, con lo fácil que hubiese sido practicar el onanismo – o paja- en la soledad de sus celdas.

Sé lo difícil, si no imposible, que es conseguir que a mí y a tantos otros nos escuchen desde sus púlpitos y palacios episcopales quienes forman parte de una organización empresarial como la suya, disfrazada de espiritualidad y en absoluto democrática, donde se practica descaradamente el nepotismo, se asciende a dedo en el escalafón y se excluye a las mujeres en cualquier órgano de poder por ser las causantes de llevar a los hombres a la perdición, tal y como quedó demostrado en ese Paraíso al que estábamos todos destinados antes de que una maquiavélica y pervertida mente femenina acosara, tentara y convenciera a un desvalido varón a cometer el mayor de los pecados de la Historia, el cual heredamos todos sus descendientes y por eso estamos aquí, desterrados, sufriendo la ira de Dios de por vida.


Pero hete aquí que ahora resulta que la peor tentación que sufren sus asociados no proviene de la compañía de pérfidas mujeres de muslos redondeados y pechos seductores sino de la visión de los cuerpos de púberes niños –y menos que púberes- confiados por sus padres a sus instituciones religiosas para recibir una educación acorde con sus creencias y a resguardo de la impiedad y excesiva libertad que se practica en los centros seglares. Y claro, ¿quién se resiste a no abrazar y manosear a tan tiernas criaturas de piel fina, mirada cándida y educada docilidad? ¿Cómo no expresarles un paternal amor, el deseo de poseerlos, las ansias de compartir sus más escondidas intimidades? Ya ve que le comprendo perfectamente cuando grita usted a los cuatro vientos que “tenemos que aprender a ser intransigentes con el pecado, empezando por los nuestros, e indulgentes con las personas que los cometen”, pero, curiosamente, es ahí donde comienzan todas mis dudas porque, siendo usted el máximo representante de Dios en la tierra, el guía espiritual de todos sus seguidores o, metafóricamente hablando, el gran jefe de la manada, ¿cómo no condena al destierro de su reino a todos esos pecadores, pervertidos y pervertidores de niños, como hizo su súperjefe con toda la humanidad por un simple pecado de desobediencia?, ¿o como es posible que nieguen el pan y la sal de su fe, es decir la comunión, a esos políticos católicos que votaron a favor de la ley del aborto y a su ejército de curas abusones y pederastas sólo les trasladan de castillo en castillo en la oscuridad de la noche para que nadie se entere de sus tropelías, permitiéndoles no sólo que sigan impartiendo la comunión a sus nuevas víctimas sino que también la reciban ellos? Ya ve que mis dudas y temores son inmensos y han empezado a agravarse aún más desde que, como colofón, citó usted al Hijo de Dios al decir que hay que “aprender de Jesús y no juzgar y condenar al prójimo”. ¡Señor, qué terrible tortura estoy padeciendo por ser incapaz de practicar la misma benevolencia que usted!


Yo intuyo que si usted tuviera la valentía de aclarar mis dudas me diría que el aborto y la pederastia son comportamientos incomparables porque en el primero se mata y en el segundo no, y de hecho algunos de sus subordinados ya ha apuntado algo en ese sentido, pero no dejo de preguntarme cómo catalogar el daño psicológico infringido a los niños durante días, meses o años por parte de sus educadores con alzacuellos… Niños y jóvenes que piensan, que tienen sentimientos, conciencia, que callan por miedo o por imposición; esos niños, ahora hombres adultos, han sufrido el infierno en vida acompañados por los peores fantasmas, arrastrando la humillación y la violación de sus espíritus, de sus almas –da igual la denominación- como muertos vivientes. Pero están vivos, dirá usted, y se irá a rogar por su salvación ante el Altísimo.

Supongo que su Código Canónigo, ése que dicen ustedes que les obliga a ser muy cautos y garantistas porque protege al máximo los derechos y la intimidad de los acusados, no contemplará pena alguna para los encubridores, para los mentirosos y para los estafadores ¿porque qué otra cosa es sino una mentira y una estafa a sus confiados fieles la ocultación de delitos tan repugnantes? Y ya no digamos lo que tal permisividad y ocultación significa para la sociedad en general a la que se pasan el día intentándole afear cualquier acto, por nimio que sea, que no se ajuste a sus código moral, ése que ustedes han demostrado ser los primeros en vulnerar.

Me voy a atrever a decirle, Sr. Ratzinger, lo que yo creo que debería hacer para salir más o menos airoso de esta vergüenza aunque sepa que no es exclusiva de su papado pero, qué le vamos a hacer, le ha tocado:
expulse de su iglesia a todos los viciosos y pederastas y a quienes les han defendido
cese a toda la canalla de obispos y demás jerifaltes que han escondido bajo la alfombra el delito más vergonzoso y repugnante que un ser humano puede cometer presente querellas criminales ante los tribunales civiles contra los delincuentes sexuales que se esconden en sus conventos y ejerza la acusación particular en los procesos representando los intereses de las víctimas pida perdón públicamente y sin ambages a las víctimas y sus familiares, a todos los creyentes y fieles de su iglesia y a toda la humanidad, y prometa que perseguirá sin piedad en el futuro a todos los que cometan tales tropelías y después, si aún le queda algo de dignidad, ¡DIMITA!


A pesar de ustedes, sigue habiendo poesía.

7 comentarios:

Lisístrata dijo...

Suerte q internet ha hecho correr como la pólvora la noticia de los "efebofilos" curas y sus cómplices de curia, pero de todos es sabido q no es la pederastia el único caso de pecado en la iglesia, La iglesia, lo mismo que cualquier otra religión monoteísta, islam o judaismo (con minúscula pues no merecen ser ensalzadas) se amparan en el crimen organizado a través de sembrar el miedo y la represión en aras a una deidad confeccionada según sus intereses empresariales, sí, empresariales, pues es el dinero y el poder lo que en esas esferas psudoespirituales lo q impera desde que se establecieron a costa de estirparle a la gente la libertad y la inquietud de ser feliz en esta vida.

Y lo que más me jode de este asunto es que son las mujeres (feligresas de segunda para la jerarquía)las que mantienen el negocio cuando además de segundonas y criadas (monjas que sirven a obispos y papas en los menesteres caseros) encima son las más reprimidas en cuanto a los recortes de libertad y el origen de todos los males (si pudiera echarme a la cara el q se inventó el cuento de la manzana se tragaría hasta el árbol con raíces y todo, por chulo y misógino)

Mucho tiempo, dos mil años, han campeado por el mundo sin que nadie ose contradecirles por muchos delitos q cometieran ( y los han cometido a raudales), supongo q ya era hora, de lo cual me alegro muchísimo.

Espero q sea detonante para q el resto de religiones que acojonan al mundo empiecen a hacer aguas y desaparezcan, así nos dejarían en las mismas glorias. La gente de bien no necesita intermediarios con deidades de pacotilla, sino unas leyes razonables y un poder ejecutivo q las haga cumplir a quien cometa delito. y sobretodo mucha educación y humanidad. De ahí al cielo.

un saludo y gracias por compartir tan interesante escrito que trasluce a una mujer coherente y generosa (demasiado para con estas alimañas, ejjeje)

Isabel Huete dijo...

Gracias, Antonio, por publicar en El espolón mi post. Ojalá sirviera de algo, al menos concienciar a la gente de que hay que levantar la voz y destaparles las vergüenzas y sus mentiras.
No soy nada generosa, Lisístrata, y menos con esa banda de pervertidos e hipócritas, lo que pasa es que prefiero utilizar la ironía que el insulto (no porque no se lo merezcan ni porque me reprima) sino porque bantante se descalifican ellos solitos, tan "divinos". ¿No dicen sus propias escrituras que "por sus hechos los conoceremos"? Pues eso: alimañas, como tú dices. Gracias por tu comentario aquí y en mi blog.
Besitos grandes a todos.

Lisístrata dijo...

Bueno, quizá mi carácter visceral percibió el escrito benévolo a pesar de la ironía. Los viscerales solemos entrar muchas veces a saco como elefante en cacharrería sin apenas elegancia, jejeej, será eso.

saludos de nuevo y gracias por tu amable respuesta

El Gaucho Santillán dijo...

Buena carta. Pero los catòlicos se defienden, de eso no hay duda.

Y en el medio, uno mismo.

Saludos

Paco Muñoz dijo...

Isabel

Un sobresaliente para tu carta dirigida al presunto colaborador de las juventudes hitlerianas. El cancerbero de la doctrina para la fe, esa virtud que les impide pensar y dudar porque si no no es fe.

Un saludo

Pedro dijo...

Si supiese cómo hacerlo, yo mismo se la haría llegar.
Cada día estoy más convencido de que no todo el mundo tiene conciencia.
Suscribo cada una de tus palabras, Isabel.
Y gracias a Antonio por hacérmelas llegar.

Besos.

GART dijo...

Querida Isabel:
Te parecerá raro, pero a mí no me escandaliza que los curas anden por ahí estruprando menores. Creo que está en la esencia de esa tendencia represiva, acabar saliéndose por la tangente y machacando a los más débiles. Es parte de su idiosincrasia. Dejad que los niños se acerquen a mí. Pero que se acerquen bien cerquita. ¿Cómo van a digerir toda esa hipocresía que habla de abstinencia y celibato? Pues muy sencillo, o se castran físicamente o le dan por el culo a los demás.
Hace muchos años que me cansé de las zarandajas de estos mentirosos, que viven de un hecho ficticio y dogmático, que se apoyan en la sinrazón y el desprecio a la inteligencia de los demás. Religión es lo contrario a inteligencia. Fe es lo contrario que raciocinio. Teología es lo contrario que filosofía. Catolicismo es lo contrario que tolerancia y respeto.
Creo que el excesivo protagonismo de esas jerarquías hipócritas, es una exageración, y que la culpa está en la prensa. Cuando el papa suelta un dogma por su babosa boca, no tendría que ocupar telediarios y portadas de prensa. Que los curas hablen desde el púlpito con toda libertad, pero que no se les permita ahogar la libertad de los demás. Que yo sepa, hay programas en la tv de todos sobre fe, dogma y devociones marianas, pero todavía no he visto ninguno sobre ateología, sobre Nietzche, sobre evolución, sobre Einstein, sobre existencialismo...
Todas las iglesias son básicamente un fraude, una mentira, UNA ESTAFA DE DIMENSIONES PARANORMALES.